No hace falta una hora de entrenamiento para que la espalda lo note. Lo que más ayuda es moverla a menudo y en todas las direcciones que la silla no le deja.
1. Gato y vaca
A cuatro patas, redondea la espalda al soltar el aire y ábrela al tomarlo. Diez veces, despacio.
2. Postura del niño
Rodillas separadas, glúteos hacia los talones y brazos estirados delante. Quédate cinco respiraciones largas.
3. Puente
Tumbada boca arriba, pies apoyados, eleva la pelvis vértebra a vértebra y baja igual. Ocho repeticiones.
4. Torsión tumbada
Rodillas dobladas hacia un lado y mirada hacia el otro. Cinco respiraciones por lado.
5. Apertura de pecho en la pared
Antebrazo en la pared a la altura del hombro y gira el cuerpo hacia fuera hasta notar el estiramiento.
Si alguno de estos ejercicios te da dolor —no tensión, dolor—, para y coméntalo en clase. Hay variantes para casi todo.